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First impressions from Earth: Introducción a Ålesund

Alesund

Ålesund

Hace unos días, sentados ante un capuccino en el Art Cafe del centro, una amiga me preguntaba qué es lo que hace que un chico español, del sur para más INRI, cruzase Europa de punta a punta para acabar en una pequeña ciudad de Noruega como es Ålesund. Me quedé un poco impactado, ya que en ese momento no supe dar una respuesta clara a una pregunta tan obvia, más allá de razones meramente personales. Razones que, en cualquier caso, podrían haberme llevado a cualquier otro lugar. Y esa es una pregunta que me sigue rondando la cabeza: ¿Por qué Ålesund?, ¿por qué Noruega?

La verdad es que mucha elección no tuve. Quién conozca un poco de programa ERASMUS sabe que tenemos tres opciones, por orden de preferencia. Ålesund para mí era la tercera. Entre otras cosas porque tenía entendido que aquí tenía más oportunidad de tener docencia en el idioma de Shakespeare. Cuando me comunicaron que se me había concedido una plaza aquí, y empecé a preguntar sobre la ciudad a compañeros que ya habían estado, obtuve poco más que tópicos, que para mí eran suficientes en ese momento. En Ålesund, decían, llueve todo el día, hace mucho frío y la vida está muy cara. Es gracioso lo de los tópicos, son muy útiles cuando no te tienes que mojar. Es como si dijeras que en España siempre hace sol, la gente es muy simpática y todo es barato. Para alguien de fuera sería suficiente, sin embargo, cualquier español te diría un “sí”, acompañado de un “pero”. Y creo que, tras pasar mi primer mes aquí, empiezo a estar en situación de poder poner mis propios “peros”.

Si hay que empezar por lo visible, Ålesund es sin duda una ciudad preciosa. Es un placer pasear por sus calles un día soleado rodeado de unos edificios que, aunque quisieran, no podrían ocultar que son descendientes directos del Art Nouveau. Quizá no sea tan impresionante como las grandes capitales, pero su arquitectura, su distribución, su magnifico puerto y sus vistas le dan un carisma que otras ciudades, quizás más grandes e importantes, no tienen. A alguien que venga de una gran capital quizá le parezca vacía y aburrida, pero no os dejéis engañar: Sus calles, a veces desiertas, esconden mucha vida latente tras los muros de piedra. En los bares, los cafés, o incluso en las propias casas. Porque siempre hay alguien que se ofrece para ser el anfitrión de una fiesta, una película, o simplemente pasar el rato con unas cervezas.

Y eso me recuerda una frase que leí en algún sitio: Clima frío, gente calida. Y es cierto (ambas cosas, pero me refiero a la segunda). Es verdad que aquí no están todo el día contando chistes, pero tampoco creo que lo necesiten. Los noruegos son gente amigable, siempre con alguna anécdota que contar o una pregunta que hacerte. La juventud noruega que he podido conocer son personas hechas a si mismas, responsables y trabajadoras, pero que se pegan una fiesta en cuanto tienen la oportunidad. Aquí incluso los más mayores son capaces de tratarte de tú con la mayor naturalidad posible. Pero si hay algo que un extranjero puede valorar es que, sin importar lo ocupados que puedan estar, siempre tienen un momento para echarte un cable si te ves perdido.

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En cuanto a la universidad, el escalón entre España y Noruega se nota. Y no es que España no tenga una educación de calidad, simplemente son métodos distintos. Hay que trabajar duro cada día, saber organizarte, razonar y presentar tu trabajo con profesionalidad, algo que en España nos dejan caer, pero a lo que hacemos caso omiso en la mayoría de las ocasiones. Pero aquí, como en muchos otros aspectos de la sociedad noruega, se cumple la máxima de que todo lo que trabajes se te será devuelto, de una manera u otra. En este caso, el trabajo duro se traduce en un aprendizaje mucho más completo, en la vanguardia de las técnicas que se utilizan hoy día. Y a todo esto ayuda mucho las instalaciones, que son impresionantes, rodeadas de zonas verdes y repletas de áreas de descanso con sillas, mesas y sillones para poder relajarse entre clase y clase. Y aunque parezca que en este párrafo esté intentando vender la moto, puedo asegurar que es totalmente cierto.

Y sí, el nivel de vida es muy alto, pero como decía antes, esto revierte en la sociedad. No he tenido oportunidad, y espero no tenerla, de probar la sanidad noruega, pero dicen que es de las mejores dotadas. Pregunta que jubilado no conoce la costa malagueña y te darás cuenta que se dan buenas pensiones. Los espacios públicos, las calles y zonas verdes están perfectamente bien cuidadas, y es bastante difícil ver basura por aquí. Esto, en parte, es gracias a la estima que tienen los noruegos a sus propias normas y valores. Con todo esto, sé que aunque esté dejándome un riñón en tabaco, alcohol y comida en general, de alguna manera Noruega me lo está devolviendo.

Visto lo visto, aún no tengo una respuesta a porqué elegí Noruega, pero si llego a saber como es esto antes la pongo como primera opción. A lo que no he podido encontrar un “pero” todavía es a la lluvia y al frío, que lo hace, y mucho. Pero sinceramente, si ese es el precio a pagar para disfrutar de estos paisajes permanentemente verdes, donde mar y montaña se funden sin complejos, de una ciudad arquitectónicamente impresionante, muy alejada de los chiringuitos marbellíes a los que estamos acostumbrados allá en el sur, de la gente y su amistad, de un país socialmente avanzado, con una educación de calidad y, todo hay que decirlo, con unas mujeres preciosas, pues que quieres que te diga, yo me abrigo un poquito más y me uno a la fiesta nórdica.

  May 2012  
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